María Eugenia Baptista Zacarías: Piconfesiones!. La fallecida cantante Amy Winehouse pudo rehabilitarse en 2005, pero su padre dijo que no le hacía falta.

en
, en su casa de Candem. Los forenses no hallaron esta vez restos de drogas ilegales, pero sí 416 miligramos de alcohol por cada decilitro de sangre en su menudo cuerpo, un nivel que supera con creces el considerado letal.

Pero, ¿sabemos realmente cómo empezó todo? ¿Cómo fue capaz aquella niña nacida en un barrio de las afueras de Londres, de padre taxista y madre farmacéutica, de revolucionar la música soul con 19 años? ¿Qué le llevó a iniciar su vertiginoso descenso a los infiernos? ¿Por qué ni su familia ni sus amigas fueron capaces de impedirlo? A todas estas preguntas respondió en 2015 «Amy», el documental definitivo sobre la autora de «Back To Black» que dirigió Asif Kapadia.

«Todos escuchaban su música, pero nadie conoció a la Amy real. Todo el mundo cree que sí, pero la mayoría ni siquiera sabía que ella escribía las canciones, que tocaba la guitarra o lo divertida, lista y feliz que era al principio. Una persona sana, que tenía amigos y gente que la quería. El problema vino cuando se hizo famosa y se volvió complicada», cuenta Kapadia, en conversación telefónica con ABC, desde Londres. En la primera escena del documental queda constancia de esa Amy luminosa y llena de talento, a través de una grabación casera realizada en 1998 por una amiga. En ella puede verse a una desconocida Amy de 14 años con un cigarro en la mano, sonriente y absolutamente relajada, cantando el «Cumpleaños feliz» como si fuera la misma reencarnación de Dinah Washington o Sarah Vaughan. Eran, a fin de cuentas, dos de sus ídolos juveniles.

No le fue fácil al director que los amigos y familiares de la cantante le dieran todo este material casero, íntimo, inédito y, en muchas ocasiones, desgarrador, que conforma la piedra algular del filme. En algunos casos, cuenta, le llevó más de un año ganarse su confianza y conseguir que hablaran: «La mayor parte del tiempo la pasé conociéndoles, sin cámaras, explicándoles que quería hacer una película honesta o grabándoles sólo con audio.

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