Más allá del cine, Jackson es una imagen de marca para sus 7,55 millones de seguidores en Twitter. Un influencer que ha puesto de moda las gorras de Kangaroo (siempre en su cabeza) o la ropa con mensajes, como las camisetas de sí mismo que le gusta llevar o ese chaleco que vistió en su cumpleaños con todos los títulos de su filmografía bordados en él.
Eso además de conseguir que toda una generación de seguidores se aprendiera sus monólogos
Ser actor también apartó a Jackson de otros posibles caminos más controvertidos. Por ejemplo, las drogas. Su retrato como un cocainómano en Fiebre Salvaje se acercó demasiado a la realidad de alguien que antes de esa película había sobrevivido a varias sobredosis de heroína. “Pero el papel de Gator fue catártico y mató a ese otro yo para siempre”, recuerda siempre que puede cuando ya lleva tiempo alejado de las drogas. El cine también apartó a este contestatario de una juventud en los Panteras Negras —organización negra socialista—, algo que, según le dijo el FBI a su madre, podía haber acabado con su vida cuando era joven y se criaba en Tennessee.
Jackson se apartó de la lucha política, pero no de sus ideas, como demuestran los continuos ataques de este acérrimo demócrata al actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, al que llama de todo en Twitter. Su último ataque frontal, llamando hemorroide al mandatario, se hizo viral en un instante. y le ganó medio millón de me gusta, mientras que quienes no compartían su opinión denunciaban al actor en las redes sociales por lo que consideraban una profanación.
El septuagenario es de los que no se amedranta. Sin importarle la fama, los fans que se ha ganado o los enemigos que se ha buscado dicen que vive su vida como otro cualquiera, sin séquito ni asistentes personales ni guardaespaldas. Solo con su esposa, la actriz y productora LaTanya Richardson, y su hija Zoe Jackson. “Me paseo por las calles, hago la compra, me meto por calles para ver qué descubro y nadie me ha intentado matar”, recordó en una entrevista, donde destacó como el encuentro más notable el que tuvo con Gregory Peck. “Salía de un estudio y alguien me dijo ‘¡Samuel!’ Me vuelvo y era Gregory Peck. Le dije: ‘¿Sabes quién soy?’ Y me contestó: ‘¡Claro!”.